
Una pareja de veteranos actores decide mejorar su nuevo espectáculo teatral, “Felices y Desesperados”. Para ello contrata a una pareja de intérpretes especializada en animar bodas, bautizos y despedidas de soltero. En realidad, él es músico y ella presentadora, que además canta y aporta una curiosa y singular verborrea.
Los actores contratantes interpretan un retablo estelar de piezas breves que ilustran su postura y su talante burlón frente a nuestra contemporaneidad. Ese talante intenta poner de manifiesto las ridiculeces de muchas de las costumbres actuales, la hipocresía al servicio de unos intereses personales y la sumisión frente al poder de la mayoría dominante.
Lo paradójico aflora, paralelamente al desarrollo del espectáculo propuesto, en las relaciones que se establecen y mantienen los contratantes con los contratados.
Nos parece saludable reírnos del mundo para vengar la impotencia de los que sufren, pero para conseguirlo nos parece imprescindible reírnos de nosotros mismos, los cómicos, de nuestras propias miserias y ambiciones. |
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