‘Counterparts’, dos mundos y un destino

‘Counterparts’, dos mundos y un destino

marzo 1, 2019 0 Por wpadmin

El creador de Counterparts, Justin Marks, Ya ha anunciado que su serie no ha sido renovada. Ningún problema. El final es inesperado, letal y sensacional. Provoca, de hecho, múltiples reflexiones, ninguna de las cuales es la indiferencia.

La grandeza de la serie, que mejora a pasos agigantados en la segunda temporada, es la mezcla del cine de espías tradicional con el trasfondo del telón de acero con otro género formidable, la ciencia ficción de los grandes experimentos fallidos. A esto le añadimos, claro, el fichaje de J.K. Simmons, Que aceptó el papel justo después de su memorable actuación en Whisplash.

Y qué es Counterparts?

Algo falló en 1987 en Berlín, poco antes de que cayera el muro. No es casualidad. Nace un mundo paralelo y calcado a nuestro con sólo una vía de acceso, precisamente en el centro de Berlín, un planteamiento fascinante que nos puede recordar la teoría de los universos múltiples y paralelos, explotado virtuosamente a Star Trek Discovery o psicológicamente a Another Earth (2011, Mike Cahill).

El juego de pistas que vamos conociendo en cuentagotas estalla en el memorable sexto episodio de la segunda temporada Twin cities, Con protagonismo intencionado y absolutamente clave del álbum de ciencia ficción Afternoon in utopía, los germanos occidentales Alpha Ville.

Imagínese que a alguno de nosotros, losers por definición, nos vengan a llamar a casa de madrugada. Abres la puerta y apareces tú mismo con una pistola y aspecto de 007. ¿Qué cojones pasa? Simmons salta como si nada del papel de asesino sin escrúpulos (en un mundo) al de pobre funcionario (al otro) con una facilidad escandalosa. Hay otros actores que han interpretado dos personajes últimamente en grandes series, como James Franco a The Deuce o Ewan McGregor a Fargo, Pero Simmons lo hace más difícil: hace las dos versiones de sí mismo, lo que es, lo que podía haber sido y lo que finalmente ha sido.

Los dos mundos son, claro, una metáfora de los antiguos bloques soviético y occidental. Se convierten antagonistas pero a través de embajadores, espías, agencias especiales, operaciones secretas y comunicaciones cifradas juegan en la dualidad de sobrevivir el uno del otro o destruirse. Que aparezca el juego del Otelo, unas fichas deben comer las demás, no es casualidad.

El ritmo y la cadencia no son los de las series de espías modernas, todas frenéticas y relacionadas con el miedo al terrorismo básicamente islamista. Se evita, además, de la avalancha tecnológico actual y se mantiene un cuidado aspecto retro o vintage. Las relaciones humanas cuentan también y mucho en el plan magistral diseñado para acabar con el bloque exterior. Se cuece a fuego muy lento, pero a medida que se acerca la ejecución final cada episodio es una pequeña obra maestra de orfebrería para conducir nuestro cerebro hacia un lado y el destino de los personajes hacia el otro.