El método Kominsky o cómo interpretar la vejez, la amistad y el duelo

El método Kominsky o cómo interpretar la vejez, la amistad y el duelo

diciembre 12, 2018 0 Por wpadmin

Unos días atrás, el doctor Jordi Taulats, editor de este blog, me preguntó si haría un artículo sobre The Kominsky Method. “He visto el primero y he pensado en ti”, me dijo, y yo, obediente como siempre, me puse. En un primer momento no sabía casi nada, Netflix estreno tantas películas y series que acaba siendo incapaz de promocionar todas tal como se merecen. Un estreno como ésta, protagonizada por Michael Douglas y Alan Arkin y creada por Chuck Lorre (Dos hombres y medio y The Big Bang Theory), creo que se merecía más promoción, y una vez vistos los ocho capítulos de la serie ya lo puedo afirmar taxativamente: sí, merecía más atención.

Sandy Kominsky (Douglas) es un actor que tuvo sus grandes momentos al cine y al teatro que ahora está prácticamente desaparecido de la escena; por el contrario, dirige una academia de interpretación con su hija Mindy (Sarah Baker). Norman (Arkin) es su representante y amigo. Ambos están en el crepúsculo (perdonad la cursilería) de sus vidas. Cuando la mujer de Norman muere, sólo se tienen ellos dos para llevar dignamente sus vidas y por no encontrarse siquiera. A partir de aquí, ya puede deducir que la serie se convierte en una historia de amistad al estilo de Neil Simon, Ben Hecht o Charles MacArthur, En la que dos personajes de dos caracteres diametralmente opuestos se ven obligados a convivir. En este caso Norman es la estabilidad, la elegancia y la rutina aceptada, con una buena situación personal, económica y social que sólo se ve truncada por la muerte de su esposa Eileen (Susan Sullivan); Sandy, en cambio, es el desorden amoroso y personal, la negación del envejecimiento y la búsqueda de un pasado que no volverá.

La serie se mueve con capítulos de 25 minutos que plantean situaciones y diálogos a veces hilarantes, a veces muy emotivos que versan sobre el duelo, la vejez, el envejecimiento, la amistad, el amor o el éxito. El guión avanza a través de una peligrosa técnica que hace que una situación emotiva se convierta de repente en una situación de humor descarnado; la primera secuencia de la serie, un monólogo sobre el hecho de ser actor que acaba derivando en anuncios de champú, es un ejemplo paradigmático que ya marca de entrada el tono de la historia. A veces a Chuck Lorre se le escapa de las manos esta mezcla, y algunos de sus puntos de humor típicos de sitcom son excesivos para una dramedia como la que plantea The Kominsky Method.

Aunque tiene un arranque muy espectacular, la serie va perdiendo fuerza con el paso de los capítulos, pero el duelo interpretativo de Douglas y Arkin nos hace mantener el interés en las vidas de estos dos gruñones, los gruñones que a todos nos gustaría llegar a ser, básicamente porque estaríamos vivos, habríamos llegado a viejos.