‘Entre dos aguas’: el paso (y el peso) del tiempo

‘Entre dos aguas’: el paso (y el peso) del tiempo

diciembre 12, 2018 0 Por wpadmin

Todo empezó hace doce años con La leyenda del tiempo, Aquel memorable acercamiento cinematográfico a la vida de dos adolescentes que se enfrentaban a ese paso tan trascendental que se hace de la infancia a la edad adulta. Una introspección en el alma de dos personas que, como el resto de mortales, proyectaban sus dudas, los miedos, pero sobre todo las ilusiones de lo que está por venir. Caminos factibles que el paso del tiempo ya se cuida bastante de ir reduciendo. Y, como es el caso de estos chicos, aún más si has nacido y vivos en un entorno social como de La Isla de San Fernando, uno de los lugares con la tasa de paro más alta del Estado.

Con la voluntad declarada de retomar algún día sus vidas, sus historias, vaya, Isaki Lacuesta y Isa Campo (Aquí como guionista) volvieron a Cádiz para reencontrarse con Isra y Cheíto, Los protagonistas, con el que siempre han mantenido la relación. Sabían que nada les ha resultado fácil desde entonces y tenían claro que para la reanudación fílmica de su personal radiografía social querían mostrar precisamente como estos caminos que nos trae la vida se acotando a medida que te haces mayor, y aún más en su caso. Así, después de la elipsis temporal el espectador se encuentra con dos personajes que ya tienen poco de niños y muy de adultos desencantados, que luchan diariamente para mantener el equilibrio entre la supervivencia y la marginalidad. Sean verdad o mentira sus relatos (la realidad y la ficción aquí se mezclan como nunca, tomando historias de otros para evocar como propias), lo que al final se encuentra el espectador con Entre dos aguas es un relato impecable sobre la vida y la muerte.

Tan pronto arranca nos encontramos con el nacimiento (real, en este caso) de una de las hijas de Isra y poco después lo vemos salir de la prisión y visitar la tumba de su padre (la sombra del que no la ha dejado de perseguir). Todo pivota en torno a él, un niño grande que ha dejado de cantar (y evocar el maestro Camarón) para que, como dice, ya no tiene ganas. Como contrapunto reencontramos su hermano mayor, Cheíto, Que vuelve de una operación militar ahora que está alistado en la marina. Una oportunidad para que los dos hermanos se reencuentren, entre las dos aguas del título, por las que han de navegar: las más lejanas, que te llevan a sobrevivir económicamente, pero que te alejan de tus seres queridos, o las más cercanas, fangosas , que esconden moluscos que te pueden cortar los pies cuando te cuernos y que se acercan peligrosamente hasta tocar las puertas de las casas, y que, a pesar de los esfuerzos, tampoco te permiten estar cerca de los tuyos.

Dos puntos antagónicos, tan propios del cine de Lacuesta, que, en esta ocasión, están bañados por un tono crepuscular donde la muerte pesa al final, sea tatuada en los hombros de Isra (tatuaje que se hizo realmente al final del rodaje por decisión propia), pero también donde se vislumbran destellos de vida, Con Cheíto haciendo el amor con su mujer antes de partir nuevamente a mares lejanos al servicio de un país y una sociedad que hace tiempo, demasiado, que ha alejado su mirada de estas vidas y paisajes.

Isaki Lacuesta capta ese instante de dos vidas contrapuestas y nos regala uno de los retratos más cautivadores y desgarradoras de lo que supone el paso (y el peso) del tiempo.