‘First Man’: un pie en la Luna

‘First Man’: un pie en la Luna

octubre 28, 2018 0 Por wpadmin

Damien Chazelle, Que ya sabe lo que es tocar el cielo (y las estrellas) tras el éxito de La La Land, Vuelve al primer plano del panorama cinematográfico invitándonos a viajar a la Luna con una película basada en la historia de Neil Armstrong, El primer hombre que pisó el satélite. Titulada precisamente así, First Man (El primer hombre), Narra a partir del famoso astronauta, tanto su heroísmo como el de la carrera espacial emprendida por los Estados Unidos a lo largo de la década de los sesenta. Con todos sus claroscuros.

Porque aunque siempre se nos ha vendido como una era gloriosa (el hito lo fue, ciertamente), por el camino dejaron la piel (algunos, literalmente) muchos héroes anónimos, indispensables para que llegara ese día en que Armstrong pudo cumplir un viejo sueño, el 20 de julio de 1969, recitando aquella célebre frase: «Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad».

Contrariamente a lo que imaginábamos antes de ver la película, First Man sorprende porque se opta por rebajar la épica en beneficio de un realismo mayor. Una decisión que aplaudimos y, más aún, al saber que el presidente Trump se dice que no quiso ir a ver al enterarse que no aparecía el momento concreto en que nada más aterrizar en la Luna no se clava la bandera americana. También porque tirando de la épica habría resultado todo más fácil y nos encontraríamos con el enésimo filme que mitificar lo que ya de por sí es una misión extraordinaria. Y cuando hablamos de realismo, nos referimos a un paso más de lo que ya se intentó con Apolo XIII, Aquella del «Houston, tenemos un problema!».

Confeccionada a partir de un guión de Josh Singer (Spotlight y Los archivos del Pentágono) Y con el cobijo de la producción de Steven Spielberg, Chazelle se vuelve a lucir con una película de formato narrativo muy clásico, aunque estéticamente su factura opte por el rollo modernillo, con muchos primeros planos y cámara en mano a tocar los actores, combinado con grandes y hermosos planes generales. Todo, bajo un tono lacónico y introspectivo que haría las delicias de Terrence Malick y que seguro que haría que John Cassavettes se sintiera orgulloso de su legado. Y para que tenga algún otro referente: la primera media hora (el mejor junto con el tramo final) tiene mucho deEastwood.

En este terreno que brilla es Ryan Gosling, Un actor que siempre parece que haga la misma cara cuando llega para salvar una chica perdida (Drive), Cuando dice que ama una aspirante a actriz (La La Land), Pero que expresa muchos matices en este difícil margen de los cara de palo. Bueno, o al menos a mí me lo parece. Gosling vuelve a buscar esta caracterización de hombre atormentado, marcado por una tragedia familiar traumática, pero a la vez determinado a alcanzar sus propósitos, aunque sea por la búsqueda de una supuesta redención o por pura y simple ambición. Los sentimientos le por dentro, todo lo contrario que la no menos extraordinaria Claire Foy (La reina de The Crown), Que aquí no se corta a la hora de expresar su aflicción. Una mujer con caràtcer, como lo demuestra cuando dice a los de la NASA, desesperada porque no recibe noticias de su hombre, aquello de: «Sois como niños que juegan, no tenéis ni idea».

Chazelle parece que prefiere buscar la fisicidad y concienciar al espectador de la mayúscula dificultad a la que se afrontaron aquellos astronautas y científicos: decididos a tocar las estrellas con naves no aptos para claustrofóbicos donde la chapa no tiene pinta que resista ninguna atmósfera.

A algunos quizá os parece lenta y repetitiva. Y lo es. Pero sólo así, sobre todo siendo repetitivo en algunas acciones, como el hecho de mostrar una prueba tras otra (pensamos que no fue hasta el undécimo Apolo que se llegó a alcanzar la misión y con unas cuantas naves Geminis previas) que se pone énfasis en las dificultades de aquel hito histórico. Hay incluso una voluntad didáctica, que personalmente a mí no me molesta, para demostrar hasta qué punto llegó aquella locura científica para cumplir aquel sueño en el que no todo el mundo creía, como también se muestra, con otros colectivos que reclamaban en aquellos años que los resolvieran otros problemas sociales (como el racismo, el feminismo o el pacifismo). Se gastaron esfoços y un montón de millones, en el proyecto.

Al final lo que nos encontramos es un hombre, Armstrong, Marcado por los silencios y que en el espacio se encuentra como pez en el agua: con un silencio tan inquietante como eterno (recuerde, bastardos, que en el espacio nadie nunca podrá sentir sus gritos), que maginifica las emociones cuando el protagonista pone el primer pie en la Luna.

Nada de famfàrries wagnerianas. Silencio absoluto. No es necesario, la piel se nos pone de gallina mientras cae la lagrimita cuando el pie toca el suelo. El de la Luna.