‘Fleabag’ | Los Bastards | Blog en catalán de cine, series y todo lo que rodea el mundo audiovisual

‘Fleabag’ | Los Bastards | Blog en catalán de cine, series y todo lo que rodea el mundo audiovisual

septiembre 3, 2019 0 Por wpadmin

Fleabag en inglés significa alguien bruto, desordenado o, simplemente indeseable (Literalmente significa bolsa de pulgas). Esta es la carta de presentación de nuestra protagonista, una joven británica inadaptada y con bastante mala leche, pero que se hace querer. Está interpretada por una brillante Phoebe Waller-Bridge, Creadora de la serie y al que tal vez conoce porque también es la creadora de otra gran serie llena de personajes malditamente adorables como es Killing Eve.

Dicen que cuando un personaje rompe la cuarta pared (lo que llamamos hablar a la cámara) es para establecer un vínculo con el espectador y crear un entorno de intimidad. Fleabag utiliza este recurso de forma magistral, con un ritmo trepidante y constantes comentarios y miradas que nos adentran en una parte de la psicología de la protagonista, pero con la paradoja de que sólo llegamos hasta donde ella nos deja; todavía queda mucho margen para nuestras conclusiones. Nos habla como si fuéramos una amistad cercana? No queda claro, pero sí es cierto que seamos un amigo invisible o un simple juego narrativo, cada vez que se rompe esta pared asistimos a un pequeño grito de socorro de una mujer, el nombre de la que ni sabemos, que se siente profundamente sola y no sabe cómo gestionarlo.

En la segunda temporada se sigue explorando este efecto y se lleva al extremo hasta el punto de hacer partícipe un nuevo personaje (Andrew Scott), Giro que no puedo detallar más sin aplastar sesión la guitarra, pero que termina siendo una forma sublime de explicar la relación que logra establecer con él, una relación compleja y profunda como la que tenía con nosotros (seamos quien seamos) y que habla de romper paredes invisibles y de conseguir conectar con alguien por un canal por el que el resto de la humanidad no puede. Si esto es amor o es otra cosa, lo dejo a su valoración.

Uno de los problemas de nuestra heroína es que detrás de su fachada cachonda y rebelde hay una persona llena de miedos y traumas, que poco a poco vamos conociendo entre carcajadas y comentarios sarcásticos. Una persona rodeada de unos familiares con sus preocupaciones y una manera muy cotidiana de gestionarlas: meterlas bajo la alfombra. Tenemos por ejemplo una hermana (Sian Clifford) Supuestamente exitosa pero que vive atrapada en un matrimonio de mierda, un padre viudo (Bill Paterson) Que no consigue terminar las frases, y una madastra (Olivia Colman) Que siempre las termina de manera riallerament insoportable. Son personajes sencillos y reales, como los que te encuentras en casa o en la oficina, que cuestan de encontrar en las comedias habituales, en los que todo el mundo es ingenioso, dice cosas bonitas y hace abrazos para solucionar conflictos, porque alguien ha asumido que no podemos risa si no nos llenan de azúcar y burbujas.

A pesar de la falta de azúcar excesivo no penséis que hablo de un drama, al contrario. con Fleabag reímos menudo, con un tipo de risa que es largo y saciante porque viene de dentro. Es una risa profundo porque los personajes están tan bien dibujados que te identificas, riendo como cuando una amiga te cuenta esa anécdota con el cuñado por enésima vez y terminar llorando de risa de nuevo. Una risa que llena y perdura, aunque muchas veces termine congelándose en la cara para que de tan real resulta amargo. Es cierto que la segunda temporada es menos dramática que la primera en ciertos aspectos y nos muestra una protagonista más centrada y que empieza a superar algunos de los problemas que se habían ido desgranando a la primera. A cambio, aparecen nuevas tramas, una de las que la ya mencionada relación a un cura interesante interpretado por Andrew Scott, Que desde el primer segundo que aparece en la pantalla nos atrapa de tal manera que ya no nos interesa nada más.

El gamberrismo de la primera temporada se va diluyendo en cierto modo y se hace más sutil. Una evolución lógica dentro de la trama y que se agradece en un mundo donde muchas series alargan las historias de tal manera que nos acaban aburriendo. Precisamente una de las cosas que más llaman la atención de Fleabag es esa dosis de realidad cómica, un humor negro maduro y elaborado que perdería toda la gracia si alargara sin sentido. No hay mal que dure cien años, dicen, ni gag cómico que aguante unas cuantas repeticiones sin volverse patético. La segunda temporada de Fleabag explora pues otras maneras de ser un desastre sin tener que hacer fotos de la petxineta o masturbarse mirando vídeos de Obama. Hay más maneras de superar los problemas de forma equivocada y por eso me gusta esta segunda revisión del personaje, nos intenta sorprender con nuevos materiales sin perder la esencia. Lo cierto es que de momento no está prevista una tercera temporada, quizá por esta coherencia de no alargar el que no da para más. Por mucho que nos gustaría seguir disfrutando, parece que nos tendremos que conformar a seguir la pista de Phoebe Waller-Bridge, Que de momento no decepciona.