‘Green Book’: seamos felices por un día!

‘Green Book’: seamos felices por un día!

febrero 9, 2019 0 Por wpadmin

No sé si es mi estado personal o una sensación generalizada, pero últimamente me pasa que cuando tengo que valorar una serie o película termino revisando a fondo mis valores y convicciones, juzgando si lo que veo es bastante comprometido, si denuncia suficientemente o si es justo para todos. Pero en el fondo yo sé que no debería ser así, porque no siempre que vamos al cine tenemos que salir a él con el puño en alto y con una pancarta, a veces vamos a pasar un buen rato y nos dejamos ir. Más allá de que cada uno tenga sus gustos y convicciones, faltaría más, hay días que salir del cine con una sonrisa complaciente apetece y esto es precisamente lo que consigue Green Book.

El título de la película hace referencia a un tipo de guías turísticas denominadas The Negro motorista Green Book que existió hasta mediados de los años sesenta y indicaba los viajeros afroamericanos donde eran bienvenidos, ya que entonces no lo eran en muchos establecimientos, especialmente en el Sur. En este contexto, la película nos cuenta la historia de Tony Vallelonga (Viggo Mortensen), Conocido por Tony Lip, un rudo italoamericano del Bronx que trabaja poniendo orden en Copacabana y se ve obligado a buscar otro trabajo durante un período de cierre del local. Conocido por su capacidad para solucionar problemas, es el perfil perfecto para el trabajo que ofrece Don Shirley (Mahershala Ali), Un virtuoso del piano afroamericano que se va de gira por el Sur de Estados Unidos y necesita alguien que se encargue de llevarlo sano y salvo en cada actuación.

El filme cuenta cómo se forja la amistad entre estos dos personajes que representan polos opuestos en casi todo: un siervo blanco, poco culto, sociable y carismático hombre de familia; el otro un señor negro, refinado, atormentado y solitario. Dos antagonistas que acabarán entendiéndose y respetándose no sólo mientras viajan en coche, sino durante todas sus vidas. El guión está basado en hechos reales y escrito en parte por el hijo de Tony Lip, Nick Vallelonga. Por lo tanto, debemos creer que debe ser bastante fiel a la realidad, pero siempre teniendo en cuenta que todo se explica desde la mirada de una de las partes, no de la otra.

He aquí que esta buddy movie de manual, se cuece en un trasfondo temático delicado: el racismo que vive uno de los personajes y debido al cual debe ser contratado el otro. Un racismo que en la película se trata de paso, con respeto y suavidad, pero sin profundizar. La historia no se cuenta desde el punto de vista del oprimido sino desde el del hombre blanco que viene a protegerlo, como ocurre tantas veces en la vida. Es la historia en la que Hollywood nos tiene acostumbrados porque es la que no les hace sufrir y la que da premios. Una conversación, un par de situaciones incómodas y para casa que no ha sido nada. Recuerda en ello a Driving Miss Daisy (1989), que también de chóferes y diferencias raciales (y que también se paseó de gusto por la alfombra roja de los Oscar). O si salimos de Hollywood, tiene puntos en común con la más reciente Intouchables (2011), una alta trama de amistades imposibles entre hombres diferentes y con dificultades personales explicada desde la comedia y sin pretensiones.

Efectivamente, se podría haber profundizado mucho más en el tema de la discriminación y se podría haber puesto el foco en Don Shirley y no en Tony Lip. Se podría haber escogido un guionista que hubiera vivido en primera persona estas vicisitudes o un incluso un director. De hecho, tal vez no debería ser una comedia para que el género no permite reflexionar como caldrioa sobre un tema tan serio. Pero entonces no sería esta película, sería otra. Buena o mala, necesaria u obsoleta, pero sería una historia diferente y yo escribiría otra reseña.

La que tenemos aquí es una comedia dirigida por Peter Farrely, Que debuta en solitario tras éxitos compartidos con su hermano Bobby como Dumb & Dumber (1994) o There ‘s Something About Mary (1998). No es que superarse fuera un reto, pero en este caso la mejora es evidente. La dirección es correcta y sin estridencias, escogiendo un estilo clásico y poco arriesgado pero eficiente para hacer brillar con absoluta maestría a los dos actores principales, Viggo Mortensen y Mahershala Ali, que se comen la pantalla a cada escena y desprenden una química incuestionable, juntos o separados. Ambos consiguen que amamos unos personajes que en la vida real podrían haber resultado insufribles (sinceramente, si yo conociera un tipo que come y habla como el Viggo Mortensen sólo podría fruncir el ceño y huir) pero que nos acaban pareciendo adorables y nos miman con ternura durante una trama sencilla y sin sobresaltos.

De la mano de Tony Lip, Don Shirley y de sus buenos diálogos, nos paseamos por momentos y escenas más o menos dramáticas, pero siempre en tono simpático y desenfadado. El objetivo es hacernos sonreír y olvidar que lo que relata la historia seguramente continúa pasando, porque de gente racista, clasista, machista o directamente imbécil desgraciadamente habrá siempre y lo que tenemos que hacer la gente de bien es mantenerlo dignos y salir adelante a pesar de todo, para que el amor y la amistad están por encima de eso y son lo que da sentido a la vida. Ya me diréis si esto no es un mensaje bien “Disney”! Pero es que de vez en cuando, en medio de todo el caos y los momentos apocalípticos que cada vez frecuentan más nuestras pantallas, también necesitamos un poco de positivismo, facilidad y sonrisas. Descansamos por un día de mítines y reflexiones interminables sobre cómo debe ser la gente buena. Disfrutamos de las historias bonitas y bien explicadas, los actores que nos hacen olvidar que lo son y que nos hacen reír sin hacer el ridículo. Dejadme ser feliz, aunque sea por un día.