‘Rambo: Last Blood’, el último baile del guerrero de la cinta roja

‘Rambo: Last Blood’, el último baile del guerrero de la cinta roja

octubre 10, 2019 0 Por wpadmin

En la vida se ha de poder opinar de todo, claro que sí, pero algo muy distinto es pasarse de frenada, hacerlo sin argumentos, calificar las cosas con estridencia porque sí y punto. Esto es lo que algunos círculos de opinión nos han regalado durante las últimas semanas con motivo del estreno de Rambo: Last Blood, El teórico último filme de una saga que, guste o no, por muy grave que sepa a unos cuantos, es ya, de manera incontestable, historia viva del cine. Leer según qué críticas o reseñas supuestamente serias calificando el film como el peor del año sin dar ni un solo argumento razonado, parapetándose únicamente tras el estruendo del titular malsonante, es la pura esencia del hater. Cosa, por cierto, que un servidor nunca ha hecho (con excepción de Juego de tronos, Aquí lo admito, que la mierda esta me supera …). Todo esto lo digo porque hay quien se empeña en decírmelo cuando no coincidimos en la exposición dialéctica de los argumentos; haga un favor a su vocabulario y buscadme otra palabra, holoturias! Pero, vayamos por partes, como de hecho hace en Rambo en esta última aventura …

Y empiezo fuerte, donde realmente hace daño al hater de raza o al crítico gafapasta: Rambo: Last Blood era y es un filme necesario, como también lo es siempre darle un punto final digno y respetuoso a los héroes intergeneracionales, aquellos que han ido superando las dificultades y los cambios de pensamiento a través de los años, los siglos, hasta que se han convertido en iconos. Pienso en Han Solo y lloro. Puta Disney. John Rambo vive hoy retirado a su rancho de Arizona, junto con la frontera con México, haciendo de buen samaritano siempre que puede, controlando los lacerantes recuerdos de un pasado tortuoso, los demonios interiores que le comen día a día una poco más. Se percibe en el planteamiento, pues, el hedor característica del western crepuscular, un punto de partida que busca la mínima credibilidad rutinaria de un personaje atípico, que ha envejecido y está muy lejos de su tiempo y hábitat naturales. Aquí es donde Rambo mira de reojo, tal vez inconscientemente, clásicos como El último pistolero de Don Siegel y los sin perdón y gran Torino del maestro Eastwood. Es, en todo caso, un breve espejismo porque cuando la desgracia que todos esperamos que se desencadene, cuando el castillo de naipes que le dan cierta paz y tranquilidad familiar caigan al suelo, será la expeditiva venganza de Pierre Morel y Liam Neeson la que se convertirá en el gran faro del show que se nos presenta.

Last Blood no hace nunca la sensación que quiera superar la barrera del 6 chaleco, o del logro satisfactorio, si preferimos acercarnos a la actualidad evaluadora escolar. Sin duda, estamos ante un film sencillo, divertido, entretenido, deudor con un género en vías de extinción que da exactamente lo que promete el fan de toda la vida pero que, como le sucedía a su predecesora, quiebra con un guión y dirección demasiado poco trabajados, un mal sólo aligerado con las sublimes escenas gore y de acción, caos, fuego y destrucción de la segunda y última hora. Los grandes problemas del film se concentran, pues, en la absurda falta de violencia explícita en la otra primera parte, la desencadenante de la tragedia, así como en la falta de un pelo de pausa y de alguna escena de existencialismo compungido del héroe, que habría cargado mejor emocionalmente su ira y el hecho de volver a desenterrar el machete de guerra. En el ámbito interpretativo, brillan los españoles SErgio Peris-Mencheta, Óscar Jaenada y Paz Vega, Aunque el montaje arrítmico y el poquísimo ojo del director, Adrian Grundberg, Les queda minutos de lucimiento. En efecto, la incompetencia del director acaba convirtiéndose en clave para entender que el film queda demasiado lejos de First Blood, El filme original, crítico y serio, y también lejos de Death Wish III, Elexplotation modélico de las sagas tipo. Un mal que en otras manos, a buen seguro, habría sido de sobra subsanado.

Como decía, Last Blood no deja de ser un explotation irregular de la misma saga, en la línea de otros como las vividas décadas atrás por el inspector Harry Callahan, la del justiciero Paul Kersey, o también el coronel James Braddock y el detective John McClane, por poner unos cuantos ejemplos. Como en aquellos, sin embargo, el film pasa como un tiro, o como unos cuantos, y tiene la gentileza de obsequiarnos con tres momentos memorables; posiblemente una de las mejores muertes por elipsis de la historia del cine, un clímax coronado con un plan de aquellos que te deja el corazón en un puño, y una secuencia postcrèdits finales con imágenes de todos los capítulos de la saga que, aunque no sin montar encima el maravilloso y eterno main theme original It ‘s en Long Road, de Dan Hill y Jerry Goldsmith (Lo que os decía del poco ojo del director), hará llorar más de un nostálgico. En definitiva, estamos ante el cierre de una saga que podría haber sido mucho mejor pero que al menos sirve para reconocer los servicios prestados no sólo de un héroe de guerra sino sobre todo de un cineasta de la talla de Sylvester Stallone, un action man irrepetible que, como tantos otros de su especie y generación, ha sido repudiado durante buena parte de su carrera, y ante ello se ha visto obligado a crecer y mejorar desde las durísimas entrañas de un género que él mismo ha dignificado, ha levantado grandes proyectos durante cuatro décadas seguidas hasta superar con creces las setenta primaveras. Por todo esto … larga vida a Rambo y Sly! Ahora y siempre!