‘Russian Doll’ y los gatos existenciales

‘Russian Doll’ y los gatos existenciales

febrero 20, 2019 0 Por wpadmin

Los fans de las series vivimos una época dorada: entre Netflix, HBO, Amazon, El cable y todo lo que me descuido, cada vez hay más donde elegir. Pero entre capítulos y temporadas, la vida se nos escuela sin ver el sol. Navegamos por la pantalla con el miedo de invertir demasiadas horas en una serie que no vale la pena mientras podríamos estar viendo una mejor. Por eso, cuando encontramos una que se presenta en ocho capítulos de poco más de veinte minutos y en una temporada cerrada nos echamos de cabeza, el riesgo es mínimo. Este es el caso de russian Doll; aunque la productora asegura que la cosa continuará, para mí la historia ya es redonda y no necesita que añadan nada más, a pesar de que por una vez que encontramos una serie de las buenas, ésta se nos hace corta.

Se estrenó el 1 de febrero, un día antes de que el Día de la Marmota americano (aquí sería la Candelaria, el 2 de febrero), lo que no es casualidad porque comparte un punto de inicio argumental con la película que nos hizo conocer esa tradición, Groundhog Day. La protagonista, Nadia Vulvokov (Natasha Lyonne) Celebra su 36º aniversario cuando muere accidentalmente y entra en un bucle temporal que la hace morir repetidamente y devolver cada vez el lavabo del modernísimo loft de Nueva York donde se organiza la fiesta. A partir de aquí inicia una frenética investigación metafísica entre alcohol, tabaco, drogas y psicoanálisis para intentar averiguar qué le pasa. Por el camino coincidirá con un compañero de penurias circulares, Alan Zaveri (Charlie Barnett) Y un buen puñado de personajes secundarios que irán conformando un entramado de encuentros y momentos peculiares llenos de detalles visuales y citas para enmarcar.

Pero no os asustéis si no te gustan las marmotas, russian Doll no tiene mucho más que ver con el filme protagonizado por Bill Murray. El tono es mucho más gamberro, profundo y oscuro, lejos de la comedieta romántica y los personajes estereotipados. Nadia es una mujer independiente y arisca, incapaz de mantener relaciones estables y que huye de cualquier situación que requiera un mínimo de empatía. Quizás diréis que es como el Bill Murray, ¿verdad? Pues no, porque cuando los planos dimensionales agrietan y comienza su periplo temporal, inicia también un camino introspectivo que la hace rascar el subconsciente y observar sus emociones más profundas para entender y solucionar el problema. Un proceso muy diferente del clásico enamoramiento romántico como acto redentor de todo.

Como veis, el tema coge tintes existencialistas y como quien no quiere la cosa acabamos reflexionando sobre las consecuencias en los demás de las decisiones individuales, el significado de la vida o el paso del tiempo. Pero todo en un envoltorio desenfadado y ágil, no se cree que ha de sacar los apuntes de filosofía. Sobre el paso de tiempo os aviso, no deje el mando a distancia lejos, porque en algunos momentos vale la pena pulsar la pausa y digerir algunas escenas o comentarlas, ya que todo está lleno de pequeños detalles y recurrencias que enriquecen mucho el visionado. Los espejos que van y vienen, la fruta marchita o los colores del vestuario nunca son porque sí: todo tiene una causa y una explicación, aunque no es necesario que siempre la encontramos.

Natasha Lyonne, A quien recordaréis por Orange is the New Black, Hace un gran trabajo como actriz y cocreadora de la serie. Ella misma explica que la serie necesitó una preparación de 7 años y que contiene mucha parte autobiográfica, lo que se nota en el cuidado de todos los hilos argumentales, en el afecto que hay en algunos personajes como Ruth y, según dicen , en sus experiencias (no muy buenas) en el mundo de las drogas. Más allá del lavadero, creo que este hecho nos da pistas para entender toda la trama desde una dimensión metafórica mucho menos metafísica y mucho más emocional de lo que podría parecer.

Como actriz, quizás a veces se la ve un poco instalada en este puesto gamberro que también tiene en la vida real, que queda perfectamente contrarrestado por el personaje papanatas y encamisado de Charlie Barnett, Con quien conforma una extraña pareja memorable que da sentido a la trama y la enriquece notablemente. Me estaría muchas líneas hablando del mosaico de secundarios que van apareciendo por capítulos: la amiga moderna reina del postureig, el entrañable y maternal psicóloga, el proveedor de puerros, el sensellar peluquero, el amante torpe, la novia clásica con perlas , el amigo que tiene un badulaque, el ex que todavía está cautivado … Pero sólo destacaré otro personaje que toma protagonismo a todos los capítulos: Nueva York, totalmente omnipresente y ofreciendo la clásica imaginería urbana de taxis amarillos, edificios de ladrillo vista con escaleras de emergencia y barandillas de hierro negro que delimitan parques y entradas a misteriosos sótanos. Todo ello mostrado con orgullo y enmarcando unos personajes que seguramente no serían igual si no vivieran en esta ciudad.

Y finalmente, Oatmeal, el gato. Un gato que aparece y desaparece por los capítulos y que acaba de hacernos parar locos positivamente. Para mí, una referencia genial al gato de Schrödinger, que está dentro de una caja cerrada y hasta que no lo abrimos no podremos saber si está vivo o muerto, y que por tanto está vivo como muerto a la vez en diferentes ejes temporales. Pero no os preocupéis, que eso se lo puede explicar en Sheldon Cooper mejor que yo, porque la física cuántica o la filosofía pueden ser muy divertidas. Simplemente me despido hablando de los gatos para que entendáis la cantidad de capas en el que te puedes perder si te apetece mirar detenidamente russian Doll. Y si tiene mucho tiempo, y aprovechando que la serie es corta y la vida es larga, puede ver dos veces. Justamente lo que yo haré.